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Quiero ser madre pero no puedo

Tener un hijo es una experiencia maravillosa, pero también una gran responsabilidad. Antes de tomar la decisión debes ser consciente de lo que significa convertirse en madre. Descubre si estás preparada para dar el paso.
Ser madre es una experiencia única y maravillosa que te cambiará para siempre. Traer al mundo a tu hijo y compartir con él su descubrimiento de la vida a medida que vaya creciendo te proporcionará una felicidad que no habrías podido imaginar.

Pero un hijo es también una gran responsabilidad. Te necesita y depende de ti. Es importante que seas capaz de gestionar tus emociones, y que seas plenamente consciente de lo que significa convertirse en madre.

Es frecuente no saber qué hacer, nos sentimos perdidas, agobiadas y en ocasiones incomprendidas. Quizás te puedan ayudar poner en práctica estos sencillos consejos:
Expresa tus emociones, tus inquietudes, tus preocupaciones. No cometas el error de reprimirlos, pide ayuda a tus seres queridos, “ventila tus sentimientos”, hacer participar a otras personas te puede ayudar a ser más objetiva.
Infórmate en centros especializados de las alternativas que hay, de los pasos a seguir. No te quedes con la información que conozcas de tus amigas o amigos, o de internet, cada mujer, cada cuerpo es diferente.
Espera a tomar una decisión, no actúes bajo una emoción intensa. Primero trabaja con lo que sientes y después decide tranquilamente, no tengas prisa.
Valora los pros y contras de cada una de las alternativas para la posible toma de decisiones.
Intenta que la toma de decisiones, el objetivo de la maternidad, no se convierta en el centro de tu vida. Fomenta el resto de tus áreas, personal, familiar, laboral, social…
Desgraciadamente son muchas las personas y parejas que tienen dificultades para ser padres y madres. En ocasiones la naturaleza es muy caprichosa y se vuelve muy exigente para dar uno de los mayores regalos de esta vida para muchas personas, el deseado embarazo.

El mundo actual, nuestro ritmo de vida, nuestros hábitos no siempre nos ayudan. Estamos en una sociedad donde todo lo queremos de inmediato. La impaciencia, la baja tolerancia a la frustración, la incertidumbre, hacen que todo nos parezca muy cuesta arriba, y no siempre tenemos recursos para gestionar estas emociones.

Muchos de mis pacientes acuden a mi consulta después de varios abortos, tratamientos de fertilidad, inseminaciones, ovodonaciones… sobrecargados, decepcionados y agotados.

Se preguntan porqué, se enfadan, no saben con quién, pero se enfadan, buscan una solución y al no encontrarla, buscan un culpable, un responsable…

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